21 jul. 2013

Intervención del Catedrático de literatura Andrés Amoros en el debate sobre la ILP taurina en el congreso de los diputados de España (11/07/2013)

Señorías, voy a intentar concretar lo más posible. Yo no soy un activista protaurino ni antitaurino a tiempo completo, no he tenido esa oportunidad ni me he dedicado a eso; simplemente soy catedrático de literatura, me gustan los toros y escribo libros de toros y de otras muchas cosas, pero voy a intentar aportar razones y datos que puedan compartir tanto los aficionados a los toros como los que no lo son, si tienen la buena voluntad de hacerlo.

Antes de nada tenemos que ponernos de acuerdo en una cosa. ¿De qué estamos hablando? No voy a hablar -creo que aquí no se habla de ello- de la corrida de toros, ese espectáculo que empieza a las cinco y acaba a las seis, a las siete o a las ocho. No, estamos hablando de algo mucho más amplio, de algo que tiene que ver con eso, por supuesto, pero que es más amplio; estamos hablando de la tauromaquia -ya se ha dicho aquí-, un conjunto de actividades artísticas y productivas que incluyen también la crianza y la selección del toro de lidia y que confluyen, por supuesto, en la corrida de toros moderna, etcétera. Voy a hablar de tres puntos fundamentalmente: primero de la tauromaquia, su valor ecológico, segundo, su valor económico y, tercero, su valor cultural.

En primer lugar voy a referirme a su valor ecológico, con dos aspectos, el toro bravo y la dehesa; aunque ya han oído ustedes bastantes, algo les intentaré aportar. En primer lugar, el toro bravo en sí mismo ya es cultura, no es, como decían los latinos, natura. Existió un toro primitivo, el Uro o Aurochs, en el centro de Europa, que desapareció. Solo existe en España, y no es naturaleza, es algo artificial, es un animal no salvaje, sino un logro portentoso del cuidado y del laboratorio humano. Según los datos de los profesionales -y digo el origen de los datos que doy, naturalmente- de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, en el año 2012 nacieron en España 21.000 reses bravas de 140.000 vacas nodrizas en cerca de 1.400 empresas ganaderas. Les quiero dar una cita -muy pocas-, en cada punto daré alguna. Hay un veterinario que es considerado el maestro de los veterinarios españoles, don Cesáreo Sáenz de Egaña, y en su libro, que conviene que lo lean si no lo conocen -en la colección Austral se encuentra muy fácilmente- dice textualmente lo siguiente: la tauromaquia es la única aportación original de España a la zootecnia moderna; subrayo, la única aportación original de España. Aunque claro, yo no suelo venir al Parlamento, pero siempre es buena ocasión para aprender muchas cosas; por ejemplo esta mañana he aprendido que el toro es un animal doméstico, cosa que me ha llenado de regocijo. Por otro lado hay una cosa evidente, por supuesto, sin la tauromaquia el toro no existiría; el toro no moriría en la plaza porque no tendría oportunidad de nacer. Les leo textualmente: ¿la desaparición de las corridas supondría la desaparición del toro de lidia? Respuesta: evidentemente sí, y no me preocupa en absoluto. Esto es lo que ha dicho esta mañana el señor Zaldívar. A mí sí me preocuparía muchísimo la desaparición de ese hermosísimo animal, no me gustaría que quedara reducido en una especie de circo en un museo o en un parque natural, de ninguna manera. Hay muchos veterinarios especializados, la inmensa mayoría, que aman la tauromaquia, y aunque lo biográfico no cuenta nada, sí les digo modestamente que mi afición a los toros nace de que mi abuelo fue veterinario, y entre otras cosas veterinario taurino. Pero además tiene valor ecológico porque permite que subsistan las dehesas. Las dehesas son un espacio natural protegido para el mantenimiento de la biodiversidad, la prevención de la desertización y la conservación y la flora y fauna autóctonas. Tiene por supuesto beneficios para las otras especies, es una barrera contra los incendios y una colaboración contra el cambio climático. Yo no soy especialista en esto, como en otras tantas cosas, pero he leído algunos estudios sobre la dehesa. Según los profesores Díaz Campos y Pulido es el ecosistema agrario español más apreciado y conocido en el mundo, y en el mejor estudio que yo conozco, el del profesor Ortuño Pérez, se dice textualmente: el binomio toro de lidia- dehesa nos permite disfrutar de cientos de miles de hectáreas de naturaleza primitiva. Y concluye el profesor Ortuño Pérez: debe ser motivo para la conservación de ganado de lidia.

En segundo lugar paso a referirme al valor económico de la tauromaquia. El espectáculo taurino por supuesto es el eslabón final de un proceso en el que se unen distintas actividades económicas. No voy a entrar en la guerra de cifras, los profesionales que saben de esto ya han aportado aquí las cifras que conocen, pero sí les puedo decir que según la Unión de Criadores de Toros de Lidia existen más de 200.000 empleos vinculados directamente al toro bravo y aporta al estado como IVA de espectáculo una cantidad muy respetable. A eso hay que unirle los cánones de la explotación de las plazas públicas y por supuesto la repercusión indirecta en las fiestas. Hay una cosa que quiero aclarar, una falacia muy frecuente: la tauromaquia no recibe subvenciones directas, como sí las reciben -muy lógicamente- el cine, el teatro, la música y la danza; y de eso sí entiendo algo porque he trabado en ello. Todos los años el Ministerio de Cultura hace una convocatoria oficial de subvenciones al cine, al teatro, etcétera, pero nunca a la tauromaquia. Sí hay contratos por actuaciones; por ejemplo, si hay un concierto de Joaquín Sabina o una obra de teatro de Albert Boadella -por cierto, aficionados a los toros, grandes aficionados- el ayuntamiento de esa localidad puede contribuir a que exista ese espectáculo. También hay ayudas comunitarias a la ganadería, por supuesto. ¿Nos molesta eso? Ayer don Enrique Alonso García decía aquí: que el toro lleva hoy dinero al campo español no es discutible, hoy, puede que desaparezca.

La conclusión es que la tauromaquia en España es hoy el segundo espectáculo de masas. Según la SGAE, que me parece que es una fuente fiable, es el espectáculo cultural que más recauda, casi seis veces más que el cine, tres más que el teatro y en esa recaudación va implícito, por supuesto, lo que ingresa luego el Estado como IVA. Por otra parte, es un elemento turístico fundamental. Yo ayer me asusté un poco cuando escuché en esta comisión, espero que esté aquí el representante de Unión del Pueblo Navarro, el riesgo que supone para el turismo español la existencia de la tauromaquia. Es algo terrible porque este año mismo, estos días en 
San Fermín, como ustedes saben, pueden asomarse en la televisión, verán que como en San Fermín hay corridas de toros y hay encierros y lo sabe todo el mundo, las calles de Pamplona están vacías. No hay nadie. Es una situación triste, desértica. No veo ni franceses, ni peñas de suecos, ni de alemanes, ni de norteamericanos que han leído a Hemingway. Solo unos pocos navarros tristes. Permítanme la ironía. Es evidente que a unos turistas extranjeros les gustan los toros y a otros, no, pero la tauromaquia es un elemento turístico fundamental. ¿Quién ha estudiado mejor la repercusión económica de la tauromaquia? El profesor de teoría económica de la Universidad de Extremadura, Juan Medina. La semana pasada, el ayuntamiento de Roquetas de Mar, les digo el dato más reciente, dice que las corridas de toros, la feria en Roquetas de Mar, dejó el año pasado 1.138.697 euros. Les doy el dato concreto. Es decir, según el ayuntamiento, 57 euros dejó en la ciudad por cada euro municipal invertido. La conclusión es evidente. En un momento de crisis sería suicida desmantelar un sector económico tan vivo. Les leo solo una cita, no de un taurino, ni de un aficionado, de un economista, Lorenzo Bernaldo de Quirós: Si los taurófobos lograsen su sueño de acabar con la fiesta, miles de personas engrosarían las filas del desempleo. ¿Eso es lo que queremos y que desaparezca también la raza autóctona del toro bravo español? Sería un riesgo de ruina evidente para el campo, la ganadería, el turismo, las empresas de servicios, además de un atentado contra la libertad de empresa y la unidad de mercado.
En tercer lugar. Valor cultural. ¿Es cultura la tauromaquia? A lo mejor lo digo porque soy aficionado. No. He recurrido a una autoridad de alguien que no es aficionado, me parece, me da la impresión. Leo textualmente: Si entendemos la cultura como el conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo, podemos decir que sí, que la tauromaquia ha formado parte de la cultura de algunos pueblos del mundo y sin duda de la cultura de España. Son palabras escritas por don José Enrique Zaldívar, a quien ustedes ya conocen como no muy partidario de la tauromaquia. Pero dentro de eso, la tauromaquia tiene un valor cultural. Podría dar lugar a muchas conferencias este tema. Simplemente les enuncio una serie de apartados telegráficamente, creo que son doce. Valor cultural de la tauromaquia. Primero. Forma parte de la cultura popular española. Cada uno de ellos si quieren se lo puedo desarrollar en el coloquio, no tiene problema ninguno. Segundo. Es un elemento esencial de las fiestas en los pueblos de España. Fíjense en San Fermín. Tercero. Va unido, para bien y para mal, dirán ustedes, desde luego, a la historia de los españoles. Cuarto, otra falacia que hay que desmontar. También ha dicho el señor Zaldívar que la tauromaquia se encuadra en la oligarquía del país. Cita textual. Falso de toda falsedad. La tauromaquia no es ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro. Ni de los ricos, ni de la clase media, ni del pueblo. Es de todos, es del pueblo español que somos todos. Claro, todos los que queremos, porque es una adhesión libre. En una dictadura se obliga al cien por cien a que voten una cosa. En quinto lugar, la tauromaquia impregna el lenguaje cotidiano, pero no solo como jerga especializada. Se usa fuera del ámbito habitual y de modo metafórico en muchísimos ámbitos. Por ejemplo, en esta casa. Les recuerdo alguna cita. Debate del estado de la Nación del 13 de mayo de 2009, se pide a Zapatero que coja el toro por los cuernos. Lo pide don Joan Ridao. El 21 de noviembre de 2007, Artur Mas dice: En la piel de toro, refiriéndose a España, predomina más el odio que la concordia. Doña Monserrat Surroca aquí dijo: cambiando de tercio. La señora Costa: Ha puesto el toro en suerte, que no sea un brindis al sol. El señor Torres- Mora: Nos ha tocado lidiar en este asunto. Es evidente. En sexto lugar, es un arte porque busca la belleza, procura la emoción y busca la complicidad con un espectador. Séptimo lugar. Ha inspirado a artistas. Por supuesto, es una obviedad lo que aquí se ha dicho. Que una cosa sea tema de obras artísticas no la justifica. Eso lo sabe un alumno de primero de universidad, pero es un dato que hay que tener en cuenta. Si quieren sobre eso podemos hablar todo lo que quieran. Octavo. La tauromaquia es universal como arte. Les leo la frase del eurodiputado Daniel Hannan: Si es arte ha de ser universal. No hay que ser inglés para que te guste Shakespeare. Por supuesto. Pero a la vez, noveno, es una seña de identidad de la cultura española en el mundo. Nos guste o no es así. Si yo pienso en el jazz, pienso en Nueva Orleans. Si yo pienso en el renacimiento, pienso en Florencia. En el mundo entero, si se piensa en el toro bravo, se piensa en España, para bien y para mal. Diez. El toro bravo es símbolo de España. Por eso se habla tantas veces de la pell de brau del ruedo ibérico, del negro toro de España, que dice Alberti. Número once. El torero es un héroe popular, encarna valores. Solo un ejemplo concreto. En esta casa un ministro socialista, Rodríguez Bermejo, fue aclamado por sus compañeros al grito de ¡torero! No me parecer que le estuvieran insultando. Número doce. La tauromaquia supone una ética. Lean ustedes el libro de Fernando Savater Tauro Ética.

Se ha hablado aquí del posible problema que tendremos frente a la Constitución europea. Les recuerdo, la Constitución europea dice claramente que no cabe intervenir ni en creencias religiosas, ni en cultura popular. En el tratado por el que se establece la Constitución, artículo 280: Hay que respetar y fomentar la diversidad de sus culturas. Y en el principio general unidad en la diversidad, un protocolo diez dice lo siguiente: La protección a los animales deja a salvo el respeto a las costumbres de los estados miembros relativas en particular a hábitos religiosos, tradiciones culturales y patrimonio regional. Es decir, la tauromaquia posee todos los requisitos para ser incluida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco. Se ha dicho aquí alguna vez que no se sabía si esto era un bien mueble o un bien inmueble. No. En la Convención de la Unesco se habla de usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades reconocen como partes integrantes de su patrimonio cultural. ¿Dónde encajaría la tauromaquia? Clarísimamente en el apartado segundo, en las artes del espectáculo, como otras artes del espectáculo españolas que ya han sido reconocidas. Por ejemplo, el Misterio de Elche, maravilloso. La extraordinaria Patum de Berga, el canto de la Sibila mallorquina, el flamenco, la cetrería, etcétera. En abril de 2011, Francia la incluyó en su lista de patrimonio cultural inmaterial y lo ratificó el Tribunal Constitucional francés. En España, se ha dicho que no se sabía si era un bien mueble o inmueble. Ley de patrimonio histórico español del año 1985, artículo 46: Forman parte del patrimonio histórico español los bienes muebles, inmuebles y los conocimientos y actividades que son o han sido expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español en sus aspectos materiales, sociales o espirituales. Exactamente la tauromaquia. Clarísimamente trasciende la tauromaquia, no la corrida de toros de 5 a 7, la tauromaquia trasciende del ámbito de competencias de una comunidad autónoma determinada. Como actividad económica corresponde al Estado establecer las directrices globales de ordenación del mercado agropecuario. Como actividad cultural es competencia del Estado garantizar la conservación y la promoción de la tauromaquia como patrimonio cultural de todos los españoles.
Hay unos artículos de la Constitución, que se han mencionado aquí repetidamente, tengo la Constitución, si quieren los recordamos: el 44, el 46, el 149, apartado 2, a la vista de esos artículos, don Enrique Alonso García, que no me parece a mí, no me dio la impresión de que compareciera a favor de la tauromaquia, declaró aquí textualmente: El Estado sí tiene competencias, sí puede intervenir en la cultura a la vista de estos artículos.

La conclusión es muy sencilla. Primero, al margen de que seamos o no aficionados, la tauromaquia forma parte del patrimonio histórico y cultural de todos los españoles, sin ella, que no tiene porque ser eterna, claro, nada en el mundo es eterno, cualquier creación cultural, si los españoles deciden abandonarla, pues morirá ella sola, como cualquier cosa, unos se alegrarán y otros lo lamentaríamos, no hay nada eterno, es un fenómeno cultural, histórico de libertad, ahora bien, sin ella sufriríamos una triple pérdida: la pérdida ecológica, el toro bravo y la dehesa; la pérdida económica y la pérdida cultural, que nos salva en buena medida del exceso de uniformización. Concluyo con una cita de un ilustre intelectual, el profesor Tierno Galván, con quien compartí alguna mesa sobre tauromaquia. Dice Tierno Galván, textualmente: Ser indiferente ante un acontecimiento de tal índole como la tauromaquia supone la total extrañeza respecto del subsuelo psicológico común de los españoles. Es algo que no puedo suponer en ninguno de ustedes, representantes del pueblo español. Por supuesto, se trata de evitar el dirigismo, no hay que imponer nada, no hay que prohibir nada, nos movemos en un ámbito de libertad. El Estado, el Ministerio de Cultura, sí puede proteger y fomentar la tauromaquia en un ámbito de libertad. Como dice Cervantes, nuestro padre común: Libre nací, en libertad me fundo –dice la pastora Gelasia, en La Galatea. Pues bien, en ese ámbito de libertad la tauromaquia es un patrimonio al que todos tenemos derecho a acceder y a disfrutar, si libremente lo deseamos.
Muchas gracias. (Aplausos)

15 dic. 2012

El trapío (por Gerardo Diego)







Cuando el barbas sale al coso
un aliento poderoso
calienta a todo el gentío.
Es la fuerza, el nervio, el brío,
la tragedia al descubierto
el sentido noble, abierto
que, con la boca aún cerrada
aguanta en pié la estocada
y respeto inspira muerto.

22 nov. 2012

¿Qué es una verónica? (Por Gerardo Diego)



Verónicas gitanas

Lenta, olorosa, redonda
la flor de la maravilla
se abre cada vez mas honda
y se encierra en su semilla
como huele a abril y a mayo
ese barrido desmayo,
esa playa de desgana,
ese gozo, esa tristeza
esa rítmica pereza...
¡Campana del sur, campana!

3 mar. 2012

Los toros y la tragedia griega.



Schopenauer consideraba a la tragedia griega como la mas elevada de las poesías porque en ella nos enfrentamos ante la existencia en toda su crudeza. En la tragedia el hombre se topa con las ideas en estado puro, nos eleva por encima de la voluntad, nos hace sentir la experiencia de lo sublime.
Esta nos proporciona, no solo consecuencias estéticas, sino también éticas; nos lleva a clarificar la futilidad de la existencia y a penetrar en lo vano de los deseos, en lo gratuito de las pasiones y en lo superfluo de la voluntad de vivir. Nietzsche ve en la tragedia una representación simbólica de la sabiduría dionisíaca por medios artísticos apolíneos. Sabiduría dionisiaca como exaltación de la vida, de la fuerza, de la voluntad, de los instintos, de las pasiones.

En el arte del toreo se nos representan en toda su crudeza las pasiones, sentimientos e instintos más básicos de la vida. 

En toda su crudeza porque aparecen enfrentados a la muerte. Aparece el miedo, el miedo del torero ante la muerte que en cada lance la esquiva; pero a la vez, baila con ella buscando y encontrando la belleza en estado puro.  Una belleza apolínea de trazos armónicos, de movimientos equilibrados, ordenados, proporcionados, suaves y delicados.

Esta belleza es concomitante a lo arrebatador, y a lo sublime de la muerte que en forma de pitón acaricia su muslo con la banda sonora del bufido del animal y el estremecer de su roce con el trapo.
En el toreo se da la máxima exaltación de la vida para el torero que se la juega en cada pase a la vez que mira de cara a la belleza en estado puro. En este juego el aficionado ve las pasiones en su máxima expresión: emoción, valor, admiración, etc.

Pero también máxima exaltación de la vida para el toro, el auténtico protagonista del espectáculo. El toro que para un aficionado representa los valores de la bravura, fuerza, nobleza, valor, sinceridad, poder. Un animal que se mima desde que nace, que se cuida hasta el mínimo detalle para que se desarrolle en plenitud, libre, con sus semejantes,en grandes espacios, que constituyen su hábitat natural para que, una vez desarrollado, pueda ante una situación límite, enfrentándose a su propia muerte, mostrar todas sus virtudes, toda su dignidad. Ver un buen toro en la plaza es sinónimo de sentimiento de admiración por el animal en cada uno de los aficionados. Cualquier otra muerte no sería digna de este, nuestro ídolo, EL TORO
(cuadros de Mario Pastor Cristobal)

8 feb. 2012

Torero enteramente

Lukacs fue un filósofo que vivió a finales del siglo XIX. Un filósofo coherente y comprometido con sus ideas lo que le llevó a enfrentarse a gente poderosa,  ganarse demasiados enemigos  y como consecuencia no alcanzar el lugar que le correspondía en el mundo de la filosofía.
Una de sus obras más destacada se la dedica a la belleza y el arte son 4 tomos titulados "La estética" y entre otras muchas cosas comentaba lo siguiente:
El hombre, en su vida cotidiana, del día a día tiene su mente repartida en muchos temas: la familia, su trabajo, amigos, política, vida social, etc a esto Lukacs lo llama "hombre entero". Todo esto le desgasta, le dispersa.
Pero puede llegar un momento donde el hombre concentre su percepción y toda su atención en una sola actividad, que suspenda todas las finalidades prácticas, en ese instante el hombre se vincula 100% a ese quehacer, no hay preocupaciones, no existe nada más que su obra, a la cual está totalmente entregado.  Solo cuando se produce un momento mágico así puede surgir el arte. Es entonces cuando el "hombre entero" se convierte en"hombre enteramente"

Aplicando las tesis de Lukacs dentro del mundo del toro, el torero solo puede ser enteramente torero cuando en una faena llega un momento mágico donde todo lo externo se desvanece, en el ruedo solo está él con el toro, entra en una especie de trance, en su mente no hay nada más, abandonado, entregado a su arte, ya no existe ni su propio cuerpo porque todo fluye, se para el tiempo, entonces se es Torero enteramente

1 dic. 2011

El miedo

Quien mejor para sentir lo que es el miedo que un torero. En este caso me quedo con una magnífica descripción de Silverio Perez, un extraordinario matador de los años 30 y 40 del siglo pasado. Toda una institución en su tierra dentro y fuera de los ruedos. 
El miedo, por Silverio Perez:


...Pero mejor quiero escribirte sobre algo que conozco mejor que nadie: sobre el miedo, compadre. Y en esta especialidad, ni modo que venga alguien a darme un baño.


Pues sí, compadre, tú escuchaste muchas veces, en las palabras de los amigos, que el trincherazo— el mismo de la canción de Agustín—, tenía en mis manos una interpretación trágica porque, aseguraban, los pitones se abrían paso por entre mis pestañas, y que la chicuelina equivalía a morir un poco yo y la afición también.


Y para qué te recuerdo lo que oíste de mis derechazos. Lances y muletazos me situaron siempre a un milímetro de los pitones en el comentario de mis partidarios que nunca admitieron que otro torero se arrimara más que yo.


Algo debe haber de verdad en eso, por más que yo no lo recuerdo muy bien, y si lo hice en la forma que aseguran fue un tanto inconscientemente. Porque nadie va al toro a buscar deliberadamente que las astas se lleven los alamares. Y de paso las carnes, las venas y hasta la vida. Para impedirlo está dentro de cada quien el miedo.


El miedo, compadre, que se experimenta de pronto, como ahogo que detiene el aire en los pulmones, como un gran cansancio que te impide el movimiento, como ansiedad por algo que no se conoce pero que se va acercando para maltratarte, como ganas de llorar sin motivo, de explicar a gritos cosas que se agitan cerca del corazón.


Yo empezaba a sentirlo inesperadamente, lo mismo en el patio de cuadrillas que en mi cama, la noche anterior a una corrida. Lo sentía llegar cuando menos pensaba en él, a veces en el burladero, a veces en la exacta mitad de una verónica. Llegaba en forma de escalofrío y me engarrotaba los músculos, como sudor viscoso que hacía resbalar el capote sobre mis manos, como dolor en los muslos y sabor de cloroformo en la boca.


No sabes compadre, lo que es tener, que ir al toro en esas condiciones, esperando que en cada lance te tropiecen los cuernos y la plaza empiece a girar llena de gritos. No te imaginas lo que es presentir el olor de la anestesia y sentir que por las piernas resbala la vida. Con decirte que se la oye gotear.


Yo nunca acepté mi miedo. Me daba coraje y entonces hacía mis cosas olvidándome de los fantasmas. Pero como te digo, de repente, llegaba aquello y entonces se terminaba mi voluntad. Me aplanaba, sencillamente.


En aquellas ocasiones conseguía dominarlo, sabiendo que no duraría mucho tiempo vencido y que poco a poco se iría imponiendo. Nunca tardaba el mismo tiempo y a veces me dejaba redondear una faena y otras ni siquiera el primer quite, de lo que tardara en apoderarse de mí dependían las orejas.


Yo quise entender esto y pensaba al principio que era porque tenía a mí “Negra”, después porque “Poncholín” venía en camino; luego porque sus otros hermanitos habían llegado; más tarde porque el ranchito empezaba a formarse y luego, quién sabe cuántas cosas, pero el caso es que siempre encontraba manera de justificarlo.


Impotente contra el miedo tuve que torear muchas tardes. Cómo luché por imponerme es cosa que solamente yo podría entender. Enfermo de espanto, salía a la plaza ya fuerza de voluntad conseguía los aplausos, con el sobresalto siempre de que aquello me engarrotara cuando mejor sentía mis cosas.


El miedo es cosa terrible, compadre. Y peor todavía es el miedo de tenerlo. Imagínate, tener miedo del miedo. Hasta parece albur, pero es la verdad de lo que me ocurría.


Yo tuve siempre miedo de tenerlo. Y tuve también miedo puro sin complicaciones. Un miedo tan espantoso que muchas veces me obligaba a buscar la cornada para olvidarlo en los vapores de la anestesia. A veces la muerte misma hubiera sido un alivio.


Entre miedo y miedo la fui jalando, hasta la despedida. Y aquí me tienes hoy, tan ignorante del campo como del toro, pero dueño ya de mis nervios, sin el presentimiento cobarde de la cogida, sin otro miedo que no sea de que se me muera un puerquito o se me hiele la milpa.


Espero que estés satisfecho, compadre, con la confesión de tu amigo que te desea incontables faenas al frente de tu revista. Pero sin miedo.


Por: Silverio Pérez, en Siempre!, número 105, 29 de junio de 1955
Para saber más sobre Silverio www.silverioperez.mx

12 nov. 2011

El temple (por Gregorio Corrochano)


El temple pone de acuerdo al movimiento del toro que embiste y el movimiento del hombre que torea. Se templa el instinto con el instinto; para torear hace falta temple. Temple en capote y muleta que se lleva al toro; temple en el brazo que torea; temple en el hombre que torea con el brazo; para torear hace falta ser muy templador. Acaso el temple no esté bien definido y pueda confundirse con la lentitud.

El temple depende del toro, como todo lo que se hace en el toreo. Si no van de acuerdo el movimiento del toro y la mano del torero, no hay temple, aunque haya lentitud.  Tanto se falsea el temple por torear rápido como por torear lento. Si se torea con rapidez, si se lleva el instrumento de toreo a más velocidad del temple del toro, éste puede perder o variar el objeto de su codicia, modificar la cometida, destormarse si iba toreado, y hasta rematar en el bulto. Lo menos que puede acontecer es que la suerte se malogre, no se remate y, por tanto, no se ligue el toreo. Si se torea con lentitud, si se lleva el instrumento de toreo a menos velocidad del temple del toro, éste derrota don de alcance el capote o la muleta, y allí termina la suerte, que no es donde debe terminar.

Para torear hay que citar en su sitio- la codicia con la distancia, y acompasar el movimiento –acompañar- a la bravura y a los pies del toro, conservando las distancia para que no enganche. Ni con más rapidez ni con más lentitud: con temple. Que una vez podrá parecer rápido si es rápido el toro; y otra vez parecerá lento si el toro es lento, sin codicia, sin poder y sin ganas de pelea. Esto es el temple en el toreo.

Decíamos días pasados de la necesidad, la eficacia y el mérito de ligar las faenas, los pase de una faena. Para conseguirlo hay que torear con temple. La mayor parte de los enganchones y los desarmes son debidos a que por falta de temple, el toro derrota antes de terminar la suerte. Cuando la suerte no carga y se remata en su sitio, es inevitable que el torero se enmiende, y al enmendarse, los pases sueltos, no se ligan,
porque cada pase es el comienzo de una faena que no se sigue, que se interrumpe, porque como no se lleva al toro toreado hasta donde debe ir, no derrota donde debe derrotar, y la faena se corta. Esas salidas
jactanciosas de la cara del toro, mirando al tendido, son enmiendas para irse del toro, donde no se estaba muy tranquilo, y que el público aplaude porque hemos quedado en que le gustan mucho los retales. En el toreo como en el comercio se hacen verdaderas reputaciones y fortunas con los saldos. Además de todo lo apuntado, son causas de faenas atropelladas los defectos del temple. Cuando el torero es toreado por el toro, cuando no se acoplan, cuando no se entienden, es que tienen temple distinto. No desconocemos que hay toros difíciles de temple. Pero todo depende del temple del torero y del temple del hombre. Si queremos buscar un ejemplo que aclare las definiciones y conceptos tenemos que recurrir a Juan Belmonte. Toro el toreo de Belmonte está tejido con temple. No es que Belmonte inventara el temple (no habíamos llegado a la época de los inventos), es que lo practicó y prodigio con tantos toros, de una manera tan visible, que hizo posible hacer pasar toros que a otros no pasaban.  Esto fue lo revolucionario de su toreo; el temple. Nada más. Pero éste nada más encierra mucho temple en la mano, mucho temple en el ánimo. Apuntarlo, toreros.

Todos los toros, por mansos que sean, ponen un empuje, una fuerza inicial en la arrancada. Aún por instinto, por defenderse, por quitarse el trapo con que le hostigan, todos los toros embisten algo. Lo difícil es
aprovechar “ese algo”, esa pequeña cantidad de esfuerzo para dar el pase. La mayor parte de los toros que no pasan es porque en su débil acometida por falta de bravura o por falta de poder pierden el objeto por
la violencia con que el lidiador les separa capote o muleta. Belmonte, con su temple, es el que evitó decir más veces a los críticos de su época: “el toro se queda y no pasa”. En si pasaba o no pasaba el toro se fijaban mucho aquellos críticos, porque esto es más importante que la inspiración.  Aun en el toro que pasa hay matices. Toros que pasan con facilidad y toros que pasan obligados. Este toreo tiene más calidad, y más técnica, y más riesgo. No es lo mismo “pasar”, que “obligar a pasar”, que “ver pasar”. En lo primero hay imperativo, mando, que no debe confundirse con el contemplativo “ver pasar”, aunque acuse  tranquilidad.

El toreo tiene una finalidad y no nos cansaremos de repetirlo: dominar al toro, y al toro no se le domina nada más que cuando la muleta tiene el mando de la mano del torero. Con la muleta bien mandada se torea tan limpiamente que el toro va por donde quiere el torero. (Hago excepción del toro de sentido, que modifica la arrancada y sorprende. Pero si se ha visto el toro, debe estar prevenido y no hay excepción). Esos toros que después de muchos pases, algunos muy aplaudidos, llegan “crudos” al momento de la estocada, sin dominar, son los toros que no se han toreado bien, que no se les ha hecho faena, a pesar de los muchos pases, porque el matador, más atento a buscar oportunidad a la monserga de su invención, ha descuidado todas las normas del toreo y ni ha mandado, ni ha templado, ni ha ligado; con lo que queda dicho que no ha toreado. Advierto que no rechazo los adornos, la gracia espontánea de los adornos, con que se resuelve un movimiento inesperado del toro, porque esto es adorno de visión torera, recursos de buen gusto. Lo que rechazo es el adorno reiterado, insistente, porfiador, premeditado, como base y norma del toreo, que ya deja de ser adorno para ser un estilo de dudoso gusto.
Ya tenemos al toro igualado en el sitio donde “tiene la muerte”. Ahora me doy cuenta de que como he puesto mi afición al día, tengo el estoque de madera. Voy a por el otro. Hagan ustedes y el toro el favor de esperar. No voy nada más que hasta la barrera. Vuelvo enseguida.

Gregorio Corrochano.
Publicado en ABC, 6 de julio de 1954