Schopenauer consideraba a la tragedia griega como la mas elevada de las poesías porque en ella nos enfrentamos ante la existencia en toda su crudeza. En la tragedia el hombre se topa con las ideas en estado puro, nos eleva por encima de la voluntad, nos hace sentir la experiencia de lo sublime.
Esta nos proporciona, no solo consecuencias estéticas, sino también éticas; nos lleva a clarificar la futilidad de la existencia y a penetrar en lo vano de los deseos, en lo gratuito de las pasiones y en lo superfluo de la voluntad de vivir. Nietzsche ve en la tragedia una representación simbólica de la sabiduría dionisíaca por medios artísticos apolíneos. Sabiduría dionisiaca como exaltación de la vida, de la fuerza, de la voluntad, de los instintos, de las pasiones.

En toda su crudeza porque aparecen enfrentados a la muerte. Aparece el miedo, el miedo del torero ante la muerte que en cada lance la esquiva; pero a la vez, baila con ella buscando y encontrando la belleza en estado puro. Una belleza apolínea de trazos armónicos, de movimientos equilibrados, ordenados, proporcionados, suaves y delicados.
Esta belleza es concomitante a lo arrebatador, y a lo sublime de la muerte que en forma de pitón acaricia su muslo con la banda sonora del bufido del animal y el estremecer de su roce con el trapo.
En el toreo se da la máxima exaltación de la vida para el torero que se la juega en cada pase a la vez que mira de cara a la belleza en estado puro. En este juego el aficionado ve las pasiones en su máxima expresión: emoción, valor, admiración, etc.

(cuadros de Mario Pastor Cristobal)
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